Ulises
Ulises —Una criatura, una niña puesta en sus brazos, Marina[46].
—La inclinación de los sofistas hacia las sendas de lo apócrifo es una constante —hizo notar John Eglinton—. Los caminos reales son monótonos pero conducen a la ciudad.
Buen Bacon: se ha puesto rancio. Shakespeare la mala cabeza de Bacon. Prestidigitadores de enigmas recorriendo los caminos reales. Investigadores en la gran pesquisa. ¿Qué ciudad, buenos maestros? Enmascarados en nombres. A. E., eón: Magee, John Eglinton. Al este del sol, al oeste de la luna: Tir na n-og[47]. Ambos con buenas botas y bastón.
¿Cuántas millas a DublÃn?
Setenta, señor.
¿Estaremos allà al anochecer?
—El señor Brandes[48] lo acepta —dijo Stephen—, como el primer drama del perÃodo final.
—¿S� ¿Qué es lo que el señor Sidney Lee, o el señor Simon Lazarus, como afirman algunos que es su nombre, dice acerca de eso?
—Marina —dijo Stephen—, una criatura de la tormenta; Miranda, un milagro; Perdita, la que se perdió. Lo que se perdió le es devuelto: la niña de su hija. Mi queridÃsima esposa, dice Pericles, era como esta doncella. ¿Amará hombre alguno a la hija si no ha amado a la madre?