Ulises
Ulises —El arte de ser un abuelo —empezó a murmurar el señor Best—. L’art d’être grand…
—Su propia imagen para un hombre que posee eso tan raro, el genio, su propia imagen es la medida de toda experiencia, material y moral. Tal súplica lo conmoverá. Las imágenes de otros varones de su sangre le serán repelentes. Verá en ellas grotescos intentos de la naturaleza para predecirlo o repetirlo a él mismo.
La benigna frente del bibliotecario cuáquero se encendió rosácea de esperanza.
—Espero que el señor Dedalus desarrollará su teorÃa para ilustración del público. Y tenemos el deber de mencionar a otro comentador irlandés, el señor George Bernard Shaw[49]. Tampoco deberÃamos olvidar al señor Frank Harris. Sus artÃculos sobre Shakespeare en el Saturday Review son absolutamente brillantes. Cosa curiosa es que nos plantee también una infortunada relación con la morena dama de los sonetos. El rival agraciado es William Herbert, conde de Pembroke. Confieso que si el poeta ha de ser repudiado, tal repudio parecerÃa más en armonÃa con —¿cómo lo diré?— nuestras ideas de lo que no tendrÃa que haber sido.
Se detuvo en esa frase feliz y sostuvo su mansa cabeza entre ellos, huevo de alca[50], premio de su refriega.
La tutea con graves palabras de esposo. ¿Lo amas, Miriam? ¿Amas a tu hombre?