Ulises
Ulises —Eso puede ser también —dijo Stephen—. Hay una frase de Goethe que al señor Magee le gusta citar. Ten cuidado con lo que deseas en tu juventud porque lo conseguirás en la edad madura. ¿Por qué se dirige a una que es una buona roba[51], un jumento que montan todos los hombres, una doncella de honor con una juventud escandalosa, un hidalguillo para cortejarla en su nombre? Él mismo era un señor de la lengua y se habÃa hecho un señor rufián y habÃa escrito Romeo y Julieta. ¿Por qué? La fe en sà mismo habÃa sido prematuramente destruida. Fue seducido primero en un maizal (campo de centeno, dirÃa yo) y ya nunca será un vencedor a sus propios ojos ni jugará victoriosamente el juego de reÃr y acostarse. El supuesto donjuanismo no ha de salvarlo. Ningún desfacimiento posterior desfacerá el primer desfacimiento. El colmillo[52] del verraco lo ha herido donde el amor sangra. Si la arpÃa es vencida, persiste sin embargo en ella el invisible arma de la mujer. Hay, lo percibo en las palabras, un aguijón de la carne impulsándolo a una pasión nueva, una sombra más sombrÃa de la primera, que ensombrece hasta su propia comprensión de sà mismo. Una suerte semejante lo aguarda y los dos furores se mezclan en un solo torbellino.
Ellos escuchan. Y en los pórticos de sus oÃdos yo vierto.