Ulises
Ulises Sombras vegetales flotaban silenciosamente en la paz de la mañana, desde la escalera hacia el mar que él contemplaba. En la orilla y más allá el espejo del agua blanqueaba, acicateado por fugaces pies luminosos. Blanco seno del deslustrado mar. Los golpes enlazados, de dos en dos. Una mano pulsando las cuerdas de un arpa fundiendo acordes gemelos. Palabras enlazadas, blancas como olas, rielando sobre la deslustrada marea.
Una nube empezó a cubrir el sol, lentamente, oscureciendo la bahÃa con un verde más profundo. Estaba detrás de él, un cántaro de aguas amargas. La canción de Fergus: la canté solo en la casa, sosteniendo los acordes largos y tristes. La puerta de ella estaba abierta: querÃa escuchar mi música. Con una mezcla de temor, respeto y lástima me acerqué silenciosamente a su lecho. Lloraba en su cama miserable. Por esas palabras, Stephen: amargo misterio del amor.
¿Ahora dónde?
Sus secretos: viejos abanicos de plumas, tarjetas de baile, borlas espolvoreadas de almizcle, un adorno de cuentas de ámbar en su cajón cerrado con llave. Cuando era niña, en una ventana soleada de su casa pendÃa una jaula. Escuchó cantar al viejo Royce en la pantomima de Turco el terrible[26] y rió con los demás cuando él cantaba:
Soy el muchacho
que goza