Ulises
Ulises La observó mientras vertÃa en la medida y luego en la jarra la rica leche blanca, no la de ella. Viejas tetas arrugadas. Vertió otra vez una medida entera y un poco más de propina. Vieja y misteriosa, venÃa de un mundo matutino, tal vez como un mensajero. Alabó la excelencia de la leche, mientras la vertÃa. En cuclillas, al lado de una paciente vaca, en el campo lozano, al amanecer, una bruja sobre su taburete, los dedos rápidos en las ubres chorreantes. Conociéndola, las vacas mugÃan a su alrededor: ganado sedoso de rocÃo. Seda de las vacas y pobre vieja[35], nombres que le daban en los viejos tiempos. Una vieja vagabunda, forma degradada de un inmortal sirviendo a su conquistador y a su alegre traidor, su concubina común, mensajera de la secreta mañana. Para servir o para vituperar, quién sabe, pero desdeñaba pedirle favores.
—Lo es de verdad, señora —dijo Buck Mulligan, vertiendo leche en sus tazas.
—Pruébela, señor —dijo ella.
Bebió siguiendo el consejo.
—Si pudiéramos vivir solamente de tan buen alimento —exclamó luego alzando un poco la voz— no tendrÃamos el paÃs lleno de tripas y dientes podridos. Viviendo en un pantano fangoso, comiendo alimentos baratos y con las calles pavimentadas de polvo, estiércol de caballo y escupitajos de tuberculosos.