Ulises
Ulises —¡Un milagro!
Lo deslizó hacia la vieja a lo largo de la mesa, diciendo:
—No me pidas más, encanto. Te doy todo lo que te puedo dar[37].
Stephen depositó la moneda en la mano extendida.
—Deberemos dos peniques —dijo.
—No corre prisa, señor —dijo ella, tomando la moneda—. No corre prisa. Buenos días, señor.
Hizo una reverencia y salió, seguida por el tierno canto de Buck Mulligan:
Prenda de mi corazón, si hubiera más
más pondríamos a tus pies.
Luego, volviéndose hacia Stephen:
—En serio, Dedalus, estoy seco. Recurre rápido a tu puerca escuela y tráenos algún dinero. Hoy los bardos tienen que beber y festejar. Irlanda espera que cada hombre cumpla con su deber en este día.
—Eso me recuerda —exclamó Haines, levantándose— que hoy tengo que visitar vuestra biblioteca nacional.
—Nuestra remojada en primer término —dijo Buck Mulligan.
Se volvió hacia Stephen y le preguntó socarronamente:
—¿Es hoy el día de tu baño mensual, Kinch?
Y dirigiéndose a Haines: