Ulises
Ulises Si Pirro no hubiera caÃdo a manos de una bruja en Argos, o si Julio César no hubiera sido acuchillado a muerte. No se podrán borrar del pensamiento. El tiempo los ha marcado y, sujetos con grillos, se aposentan en la sala de las infinitas posibilidades que han desalojado[4]. Pero ¿podrÃa haber sido que ellos estuvieran viendo que nunca habÃan sido? ¿O era solamente posible lo que pasaba? Teje, tejedor del viento[5].
—Cuéntenos un cuento, señor.
—¡Oh, cuente, señor! Un cuento de aparecidos.
—¿Dónde estamos en éste? —preguntó Stephen, abriendo otro libro.
—No llores más[6] —dijo Comyn.
—Siga entonces, Talbot.
—¿Y la historia, señor?
—Después —dijo Stephen—. Siga, Talbot.
Un muchacho moreno abrió un libro y lo apoyó ágilmente contra su cartera. Empezó a recitar versos a tirones, lanzando miradas accidentales al texto:
No llores más, adolorido pastor, no llores más,
porque Lycidas, tu pena, no está muerto
a pesar de estar hundido bajo la superficie de las aguas.