Ulises
Ulises Debe ser un movimiento entonces, una actualización de lo posible como posible. La frase de Aristóteles se formó a sà misma dentro de la charla de los versos y flotó hasta el silencio estudioso de la biblioteca de Santa Genoveva, donde él habÃa leÃdo, al abrigo del pecado de ParÃs, noche tras noche. Codo con codo, un frágil siamés consultaba con atención un manual de estrategia. Mentes alimentadas y alimentadoras a mi alrededor, bajo las lámparas incandescentes prisioneras, con antenas latiendo apenas, y en la oscuridad de mi mente un perezoso del otro mundo de mala gana, resistiéndose a la claridad, levantando sus pliegues escamados de dragón. El pensamiento es el pensamiento del pensamiento. Claridad tranquila. El alma es en cierta forma todo lo que es: el alma es la forma de las formas. Repentina tranquilidad, vasta, incandescente: forma de las formas[7].
Talbot repetÃa:
—Por la fuerza amada del que anduvo sobre las olas. Por la fuerza amada…
—Vuelve la hoja —dijo Stephen apaciblemente—. No veo nada.
—¿Qué, señor? —preguntó simplemente Talbot, inclinándose hacia adelante.