Ulises
Ulises —Una difÃcil, señor.
—Ésta es la adivinanza —dijo Stephen:
El gallo cantó
el cielo estaba azul:
las campanas del cielo
estaban dando las once.
Es tiempo de que esta pobre alma
se vaya al cielo.
—¿Qué es eso?
—¿Qué, señor?
—Otra vez, señor. No lo hemos oÃdo.
Los ojos se les agrandaron a medida que se repetÃan los versos. Después de un silencio. Cochrane dijo:
—¿Qué es, señor? Nos damos por vencidos.
Stephen, con una picazón en la garganta, contestó:
—El zorro enterrando a su abuela debajo del arbusto.
Se puso de pie y rió de golpe, con una risa nerviosa a la que las exclamaciones de los niños respondieron como un eco consternado.
Un bastón golpeó la puerta y una voz llamó en el corredor:
—¡Hockey!