Ulises
Ulises Feo y fútil: cuello magro y cabello enmarañado, y una mancha de tinta: la baba de un caracol. Sin embargo alguna criatura lo había amado, llevándolo en brazos y en el corazón. Si no hubiera sido por ella, la raza del mundo lo habría aplastado con el pie: un caracol sin huesos aplastado. Ella había amado la débil sangre aguada de este niño, extraída de la suya. ¿Era eso real, pues? ¿Lo único cierto de la vida? El cuerpo postrado de su madre montó a horcajadas al fogoso Columbano en santo celo[9]. Ella no fue más: el esqueleto tembloroso de una rama quemada por el fuego, un aroma de palo de rosa y de cenizas húmedas. Lo había salvado de ser pisoteado y desapareció, habiendo sido apenas. Una pobre alma que ascendió al cielo: y en el matorral, bajo las estrellas parpadeantes, un zorro, rojo vaho de rapiña en su piel, con claros ojos inclementes, escarbaba la tierra, escuchaba, levantaba la tierra, escuchaba, escarbaba y escarbaba.
Sentándose a su lado, Stephen resolvió el problema. Demuestra por medio del álgebra que el espectro de Shakespeare es el abuelo de Hamlet. Sargent atisbaba de soslayo a través de sus gafas inclinadas. Los bastones de hockey golpeaban en el cuarto de los trastos: el sonido opaco de una pelota y gritos desde la cancha.