Ulises
Ulises A través de la página, los símbolos se movían en grave danza morisca, mascarada de signos llevando raros casquetes de cuadrados y cubos. Dense la mano, giren, saluden al compañero: así, diablillos de la fantasía de los moros. También exilados del mundo. Averroes y Moisés Maimónides, hombres de tenebrosos ademanes y semblante, centelleando en sus falsos espejos el alma oscura del mundo, un destello tenebroso que el fulgor no podía comprender[10].
—¿Entiendes ahora? ¿Puedes hacer solo el segundo?
—Sí, señor.
En largos trazos dudosos Sargent copió los datos. Esperando siempre una palabra de ayuda, su mano movía fielmente los inseguros símbolos. Un ligero tinte de vergüenza temblaba bajo su piel opaca. Amor matris, genitivo subjetivo y objetivo. Con su sangre débil y su leche agria de suero lo había alimentado, hurtando sus pañales de la vista de los otros.
Yo era como él, con esos hombros agobiados, esa carencia de gracia. Mi infancia se inclina a mi lado. Demasiado lejos para que yo apoye allí una mano una vez o ligeramente. La mía está lejos y la suya secreta como nuestros ojos. Secretos, silenciosos, petrificados se sientan en los palacios oscuros de nuestros dos corazones: secretos cansados de su propia tiranía: tiranos deseosos de ser destronados.