Ulises
Ulises Adelantó un paso y se detuvo al lado de la mesa. Su mandÃbula inferior cayó oblicuamente perpleja. ¿Es ésta la sabidurÃa de los viejos? Aguarda a lo que le tengo que decir.
—La historia —afirmó Stephen— es una pesadilla de la que estoy tratando de despertar.
Un clamor se elevó desde el campo de juego. Un silbato vibrante: gol. ¿Qué pasarÃa si la pesadilla te diera un puntapié?
—Los procedimientos del Creador no son los nuestros —dijo el señor Deasy—. Toda la historia avanza hacia una gran meta: la manifestación de Dios.
Con un golpe del pulgar Stephen señaló la ventana, exclamando:
—Eso es Dios.
¡Hurai! ¡Ay! ¡Hurrui!
—¿Qué? —preguntó el señor Deasy.
—Un grito en la calle —contestó Stephen, encogiéndose de hombros.
El señor Deasy miró hacia abajo y mantuvo por un instante las ventanas de la nariz prisioneras entre sus dedos. Levantando otra vez la vista las dejó libres.