Ulises
Ulises —En lo que concierne a esto —volvió a empezar.
—Sà —dijo el señor Deasy—. Ahà van las dos copias. Si puede haga que las publiquen en seguida.
Telegraph, Irish Homestead.
—Lo intentaré —dijo Stephen— y ya le contaré mañana. Conozco un poco a dos editores.
—Perfectamente —dijo el señor Deasy con viveza—. Escribà anoche al diputado señor Field. Hoy hay una reunión del sindicato de los comerciantes de ganado en el hotel City Arms. Le pedà que leyera mi carta ante la asamblea. Usted vea si puede hacer que la publiquen en sus dos periódicos. ¿Cuáles son?
—The Evening Telegraph…[27].
—Es suficiente —dijo el señor Deasy—. No hay tiempo que perder. Ahora tengo que contestar una carta de mi primo.
—Buenos dÃas, señor —saludó Stephen, metiéndose las hojas en el bolsillo—. Gracias.
—De nada —dijo el señor Deasy, revisando los papeles sobre su escritorio—. Me gusta romper una lanza con usted, viejo como soy.
—Buenos dÃas, señor —repitió Stephen, inclinándose ante su espalda encorvada.