Espía de Dios
Espía de Dios El tiempo corre. El cónclave avanza. Y el asesino se prepara para su acto final.
En las entrañas del Vaticano, Paola y Fowler avanzan hacia un secreto que ha sido enterrado bajo capas de silencio, temor... y culpa. El pasado empieza a desenrollarse como un rosario envenenado. Cada cuenta, un crimen. Cada oración, una omisión.
Fowler consigue acceso a los archivos secretos del Instituto Saint Matthew . Allí encuentran el expediente completo de Viktor Karoski. No fue ingresado por razones psiquiátricas, sino para encubrir un escándalo mayúsculo: Karoski había descubierto una red de abusos sistemáticos perpetrados por altos miembros de la Iglesia. Su denuncia fue recibida con una sonrisa hipócrita… y su reclusión inmediata.
—No querían callarlo, Paola —dice Fowler, mientras hojea el informe con las manos temblorosas—. Querían desaparecerlo.
En las notas clínicas, una frase salta como un puñal: Paciente muestra disociación controlada, fe racionalizada, desapego emocional extremo. Alto riesgo si se le permite actuar con autonomía. Ese fue el diagnóstico. Y, sin embargo, lo soltaron.
