Espía de Dios
Espía de Dios Pero entre la rabia, nace algo inesperado. Un vínculo. Paola comienza a confiar en él. Ve en su mirada la misma herida que la habita. No hablan de amor. Esto no es un romance. Es otra cosa. Una alianza forjada en cenizas.
El punto de quiebre llega cuando descubren la siguiente víctima antes de que muera. Un cardenal español, vinculado al mismo escándalo que denunció Karoski. Paola y Fowler lo interceptan en la capilla privada. Lo encuentran temblando, susurrando oraciones vacías.
—¿Por qué a mí? —llora el cardenal—. Solo hice lo que todos hacían.
Y ahí lo entienden. Esa es la confesión que Karoski necesita. No el arrepentimiento real, sino la aceptación del pecado institucional.
—Él quiere que lo digan en voz alta —dice Paola—. Quiere que el mundo escuche lo que siempre se ocultó.
Preparan una trampa. Paola se ofrece como cebo. Se disfraza. Entra a la iglesia donde Karoski podría actuar. Pero él no aparece. No todavía.
En cambio, deja un nuevo mensaje, esta vez grabado en audio, escondido dentro de un confesionario:
—No soy un monstruo. Solo soy lo que la Iglesia me hizo. Y ustedes... ustedes me dieron la Biblia. Yo solo estoy leyendo en voz alta lo que ustedes escribieron.