EspÃa de Dios
EspÃa de Dios Karoski no quiere matar. No esta vez. Quiere forzar una decisión. Mostrar que el mal puede vestirse de blanco.
—Esto es su final. Su absolución —dice Paola, leyendo el expediente—. No quiere que elijan al Papa correcto. Quiere que elijan con los ojos abiertos.
El dilema es insoportable. Si exponen las pruebas, destruirán la elección. El cónclave quedará manchado para siempre. Pero si callan… Karoski vencerá en silencio.
—Él no es el juez. No tiene derecho a decidir por todos nosotros —murmura Fowler.
—¿Y nosotros s� —responde Paola, temblando.
Antes de que puedan actuar, los cardenales anuncian que han llegado a una decisión. El humo blanco comienza a salir de la chimenea. El mundo aplaude. El nombre del nuevo Papa será revelado en minutos.
Paola y Fowler corren hacia el balcón principal. El elegido aparece. Es Cardenal Mura , uno de los más antiguos, uno de los más respetados. Pero también uno de los implicados en el informe.
Karoski aparece justo detrás del telón. No lleva armas. Solo una pequeña cruz de hierro en la mano.
—Lo habéis elegido —dice, con voz de trueno—. Y ahora, que Dios os bendiga... o no.