El loco
El loco Los fondos de campaña fueron triangulados, sobrefacturados o directamente lavados a través de empresas truchas. Se contrató a sociedades sin empleados, con objetos sociales incongruentes, como una empresa médica para brindar “servicios empresariales no clasificados”. También se usaron estructuras partidarias prestadas que tenían dueños con largos historiales de acomodos, cargos rentados y clientelismo puro.
Milei, que se presentaba como un redentor de los valores republicanos, montó su estructura política a base de métodos idénticos a los que denunciaba. Mientras gritaba en televisión que iba a destruir el Estado, se financiaba con dinero público. Mientras exigía meritocracia, repartía cargos entre quienes ponían más plata o aportaban estructuras. Mientras prometía transparencia, ocultaba los vínculos con empresarios, barras y operadores judiciales.
El relato anticasta funcionaba como herramienta electoral, pero en los hechos era una máscara. Detrás del discurso incendiario, la práctica era la de siempre: reparto, acomodo, corrupción y pactos ocultos. Milei se convirtió, así, en el rostro nuevo del mecanismo más viejo de todos.