Te doy mi corazón
Te doy mi corazón Sophie intentó hablar, pero el dolor en su pecho la obligaba a guardar silencio. Todo parecía perdido hasta que, en medio del escándalo, una voz fuerte y grave rompió el caos: "¡Suficiente!", exclamó Benedict, avanzando con determinación hacia el estrado. Araminta se giró, la incredulidad reflejada en sus ojos al verlo allí. "¿Qué estás haciendo aquí?", siseó, pero Benedict apenas le dirigió una mirada antes de tomar la mano de Sophie a través de los barrotes.
“Esta mujer que intentas destruir… es mi prometida”, proclamó, sus palabras resonando como un desafío que dejó a todos en silencio.
El magistrado lo miró con asombro. “¿Su prometida, señor Bridgerton?”. Benedict asintió, sin dudar. “Sophie es la mujer a la que amo. Y no permitiré que estas mentiras la condenen”. Lady Bridgerton, quien también había llegado al tribunal, se acercó a su hijo, apoyando la declaración de Benedict con una firmeza que Araminta no esperaba. "Esa mujer es la hija del difunto conde de Penwood. Usted no ha hecho más que explotarla y ahora la acusa falsamente para cubrir su propio desprecio".