Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El negro, seguido de Manazas, penetró en el camarote.
Este era, sin género de duda, el mejor de la Santa Teresa, por pertenecer al capitán del buque y habérselo cedido al virrey de la colonia de Cibao durante aquel viaje.
Las paredes estaban cubiertas de cartas geográficas y armas; estas últimas formando caprichosos y artÃsticos grupos.
Roberto hallábase sentado junto a una mesa, cerca de la hamaca que le servÃa de lecho, cuya red era de seda, adornada con plumas de pájaros americanos.
Sobre la mesa habÃa algunos libros y una esfera.
Los legajos estaban sostenidos por grandes caracoles y conchas, atributos naturales de la localidad en que se hallaban.
El capitán Roberto, apenas vió entrar a Manazas y a Domingo, hizo a éste una seña para que se retÃrase.
Iba el negro a efectuarlo, cuando su señor llamóle de nuevo.
—Dile a la señora, de mi parte, qué ya puede estar completamente tranquila, pues el peligro del combate ha cesado, y que dentro de breves instantes iré en su busca.
—Perfectamente.
—Y ahora vete y cierra La puerta.
