Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Aquella noche Roberto no pudo conciliar el sueño.
Nunca habíase sentido dominado por tan extrañas impresiones como las que entonces experimentaba.
Verdad es que Roberto amaba instintivamente todo lo bello y lo poético, y tanto la hermosura de la señorita de Medina como el instante en que la había conocido eran hasta dejarlo de sobra.
Parecíale al antiguo capitán del Rayo contemplar a la joven con su vestido blanco como los copos de la nieve, y bañada por los argentinos resplandores de la luna.
Otras veces creía oír aún los dulces acordes del arpa, acompañando la canción que entonó aquella joven, tan ideal como encantadora.
—Es necesario que hoy mismo vaya a saludar a don Diego-dijóse—, y a ofrecerle mis servicios. De esta manera, por adusto que el hidalgo sea, no tendrá más remedio que brindarme con que le visite, y seguramente que he de usar de su ofrecimiento con más frecuencia que se imagina.
Roberto esperó con impaciencia a que llegase una hora conveniente para.dirigir sus pasos hacia la morado de don Diego»
