Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo En aquel instante oyéronse pasos.
Laura y Roberto dirigieron una mirada hacia el sitio de que partÃan.
El que llegaba era el negro Domingo.
Al ver al capitán a pocos pasos de su señorita, se estremeció de pies a cabeza.
—El señor se aproxima-dijo con acento balbuciente—; tened la bondad de seguirme a su estancia.
Roberto, comprendiendo que si no seguÃa los consejos de Domingo exponÃale a una reprensión, saludó a Laura, y luego dirigióse de nuevo hacia el aposento del hidalgo Medina.
El negro, tan pronto como dejóle en él, salió al encuentro de su señor.
Ya era tiempo de que lo hiciese, pues don Diego llegó un instante después junto a la cancela.
—Señor-dijo Domingo—; tengo que manifestaros que me he visto en la necesidad de contravenir vuestras órdenes.
—No comprendo a qué te refieres-respondió con acento adusto el de Medina.
Este, como ya hemos dicho, era un hombre de unos cincuenta años, pero cuya natural robustez hacÃa que conservase todo el vigor de la juventud.
'Su cabello, asà como su barba y su bigote eran completamente negros, sin que ni una sola cana brillara entre ellos.