Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Sus facciones abultadas tenÃan el sello de la energÃa.
Sus ojos no se inclinaban jamás al suelo HabÃa en ellos una concentración dura.
Su frente estaba surcada por una profunda cicatriz. Fijó sus pupilas en el negro, y preguntóle:
—Y bien, ¿ qué sucede?
—Ya recordaréis-respondió el negro—, que anoche os dije que habÃa estado hablando con un caballero que, según dice, es vecino de nuestra colonia y quiere ofreceros sus respetos.
—Con efecto, recuerdo ese pormenor.
—Pues ha venido durante vuestra ausencia.
—Bien, ¿y qué?
—Que como el lugar en que se halla situada su casa está muy distante de aquÃ, me dijo que esperarÃa vuestro regreso, y yo, no determinándome a hablarle con franqueza...
—¿Le hiciste pasar a mi estancia?
—SÃ, señor.
—Y mi hija, ¿dónde se halla?
—En el jardÃn.
—Bueno; no hay inconveniente en que ese caballero haya entrado. ¿Está esperándome?
—SÃ, señor.
—Perfectamente.