Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Con un número más reducido empecé yo mi colonia, y hoy pasamos de doscientas almas. Pues nada, amigo mÃo, nuestro deber es ayudarnos los unos a los otros, y desde este momento podéis contar conmigo en cuanto me consideréis útil.
—Muchas gracias. Creo excusado deciros lo mismo.
—Sobre todo, os recomiendo que estéis muy prevenido contra los asaltos de las tribus guerreras.
—Intentaron sorprendernos una noche, pero sin conseguir su objeto.
—Más vale asÃ.
—Verdad que los hombres que me acompañan son todos aguerridos, y acostumbrados, por lo tanto, al olor de la pólvora.
—¿ Habéis sido soldado?
—Capitán de un bergantÃn.
—¡Hola, hola! ¡Bonita profesión! ¿Por qué la dejasteis?
—Reveses de la fortuna me obligaron a ello.
—¿ De seguro que naufragasteis llegando a las próximas playas?
—No, señor; pero un miserable, valiéndose de una inicua trama, me robó mi buque, y me he visto en la precisión de buscar en estos paÃses medio de recuperar mis perdidas riquezas.
—AquÃ, queriendo trabajar, no han de faltaros medios de conseguirlo.