Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Sus ojos no se apartaban del balcón del aposento, de Laura.
De pronto vió brotar de las espesuras del jardín a un hombre.
Luego aparecieron otros dos.
Eran tres indios.
Uno de ellos, el que parecía jefe de los otros, era de corta estatura; pero sus brazos atléticos y su robusta espalda acusaban desde luego un vigor poco común en los hombres de su raza.
—¿Cuánto apostamos-dijóse Roberto-a que ese indio es el cacique que se halla prendado de la hermosura de Laura? Nos prevendremos por si acaso intenta hacer más que un reconocimiento de la vivienda del hidalgo Medina.
El cacique cambió algunas breves palabras con sus acompañantes. Estos iban armados con flechas y lanzas.
Luego su jefe separóse de ellos y aproximóse resueltamente hacia el balcón.
Con esa agilidad característica de los hombres de su raza, únicamente comparable a la que poseen los cuadrumanos, asióse a la balaustrada del balcón, y un instante después Roberto le vió penetrar en la estancia.
El capitán sintió impulsos de acudir en auxilio de la joven, pero comprendió que desde el sitio en que se Hallaba realizaría su objeto mucho mejor, caso que el indio acariciase la idea de un rapto.