Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Los he visto yo mismo al pasar junto a la valla del jardÃn que rodea esta casa.
Don Diego bramó de coraje.
Aquella era la vez primera que no habÃa sido respetada su autoridad paternal.
Salió del aposento y dirigióse al de Laura.
Esta no se habÃa acostado aún.
—Muy desvelada estás-dijo el adusto Medina con acento ronco—; verdad es que cuando no se halla la conciencia tranquila, es imposible de todo punto conciliar el sueño.
Al oÃr aquellas palabras, la joven inclinó la cabeza sobre el pecho y un vergonzoso carmÃn se esparció por sus mejillas.
Acababa de comprender que el secreto de sus amores habÃa dejado de serlo para el autor de sus dÃas.
Este asió bruscamente a su hija de uno de los brazos y la dijo con voz de trueno:
—Bien, señorita. ¿ Sabéis en quién habéis puesto los ojos? Pues en un miserable capitán de ladrones. En un hombre que se ha pasado la vida en el carrascal viviendo a cuenta de lo de los demás.
—Eso no es cierto, padre mÃo-repuso Laura, enjugándose los ojos con su lenzuelo.
—¿Quién lo asegura?
—Mi corazón, que no sabe engañarme jamás.