Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Por qué?
—No quiero salir de la corte hasta que sepa lo que ocurre en ella.
—Comprendo tu objeto. Siempre generoso y leal quieres saber lo que le sucede a mi espesa. Gracias, EnrÃquez; el cielo te premie tu buena obra. De buena gana me quedarÃa contigo.
—Eso no dejarÃa de ser una locura.
Antonio Pérez clavó las espuelas en los ijares del potro, que partió a galope.
* * *Mientras el secretario del rey se salvaba de sus enemigos, fray Diego de Chaves hallábase en una de las estancias del castillo.
—Pérez no declarará — decÃase — es necesario emplear cuantos medios existan para que su esposa nos entregue esas cartas. Ella, aunque dotada de un carácter enérgico, es una mujer, y conseguiremos nuestro propósito.
Inmensa fué la sorpresa que todos experimentaron en el castillo al sabor al siguiente dÃa que Antonio Pérez habÃa huido.
Entonces fray Diego dió órdenes al alcaide de la fortaleza para que detuviese a doña Juana, que no habÃa intentado siquiera fugarse.
Inmediatamente emprendió el camino para la corte.