Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Cuando llegaron a la playa ya era muy tarde.
La villa de Castro hallábase sumida en el más, profundo silencio.
Apenas advertíanse algunas luces en algunas casas.
Juan Roberto saltó el primero a la playa y recogió el arca que Calabrote le alargó desde el esquife* Luego ambos se aventuraron por el interior de la gruta.
A lo de no llamar la atención, por si algún pescador Jet observaba, no encendieron una linterna que para el caso llevaban desde el buque, hasta que estuvieron dentro de la cueva.
Si los tranquilos moradores de Castro hubiesen visto a aquellos dos hombres penetrar en la gruta semejante hora, hubiéranse persuadido mucho más de que el alma del maestre de los templarios vagaba por aquellos sitios en busca de la gentil Ildara. Calabrota llevaba en su diestra una piqueta
Pronto halláronse en aquel lugar de la cueva donde un capricho de la naturaleza ha dado a las estalagmitas la forma de misteriosos fantasmas. Juan Roberto se detuvo.
—Cava en ese sitio, que es el más a propósito— díjole a Calabrote.
Este obedeció.
Cuando hubo hecho la piqueta un hoyo bastante profundo para enterrar el arca, Juan Roberto la colocó.
Ahora, cubrámosla.