Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Ambos son superiores-dijo Leilán— Ya sabéis que generalmente los hombres de mar somos aficionados al zumo de la vid; asà es que lo primero que procuro al arribar a tierra es reforzar mis almacenes con algunas pipas.
Y al decir esto, el británico se sonrió.
—Ahora, capitán-dijo Montiño después de apurar el lÃquido del vaso—, os ruego que me hagáis una reseña de lo que habéis hecho durante nuestra coita ausencia.
—No deseo otra cosa.
—Por vuestro segundo sé que habéis tenido un nuevo encuentro con el pirata.
—He tenido dos.
—¡Mucho os envidio! Yo, entre tanto, me desesperaba en ese puerto; pues, aunque era preciso reparar las averÃas de mi bergantÃn, hubiera deseado que se verificasen las obras con mayor rapidez.
—Pero ¿no se halla el buque completamente dispuesto para darse a la vela?
—SÃ, señor. Os habÃa dado palabra de que para hoy estarÃa en disposición de acompañaros, y la be cumplido.
—Muy bien, don Andrés.
—El timón rige ya perfectamente; también he envergado un nuevo velamen, aumenté una colisa n la proa y he adquirido dos esquifes más.