Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La situación de Montiño no podÃa ser más espantosa y desesperada.
Hallábase atado de pies y manos y bajo la vigilancia de Calabrote.
—¿Qué debo hacer?-pensó—. Es indudable que el capitán Leilán me entregará a la mano de hierro de la Inquisición, y entonces estoy irremisiblemente perdido. ¡ No puedo apelar a la fuga, porque este miserable me ha sujetado de un modo que es imposible de todo punto hacer hasta el más pequeño movimiento! ¡Ah! ¡En las muchas veces que me he encontrado en peligro, nunca me he visto tan seriamente comprometido como ahora...!
Calabrote no apartaba sus ojos del hidalgo.
—¿Qué piensas viejo astuto? ¿Qué ideas son las que ahora te inspira Satanás?
Deseos sintió Montiño de responderle una insolencia; pero se abstuvo de hacerlo, comprendiendo que no conseguirÃa más que empeorar su situación.
—¡Qué quieres que piense, Calabrote! Lamento ¿ la ingratitud de algunas personas.
—¡Ingratitud! Esto revelarÃa que has hecho algún bien, y no lo creo.
—Si no he hecho bien, por lo menos hay personas a quienes no inferà nunca el menor daño.
