Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Desde anteayer.
—¡Cuántos deseos tenÃa de verte!
—Pues ya los has logrado.
—¿Y permanecerás mucho tiempo aqu�
—¡ Ya lo creo! Lo probable es que no abandone ya esta casa.
—Perfectamente. Mucho me alegro de tu prosperidad.
—Y tú, ¿qué te haces?
—Lo de siempre.
—¿ Sigues representando farsas?
—No, eso no. Abandoné los corrales, donde es imposible que pueda vivir un hombre de pundonor.
Teresa se sonrió.
Nadie sabÃa tan bien como ella hasta qué punto llegaba el pundonor de Carranza.
En aquel instante oyóse el acento de LucÃa, que llamaba a Teresa.
—Mi señorita viene. Adiós.
—¿Pero no podremos hablar más despacio?
—SÃ, no hay inconveniente; pero esta noche ya ves
—Mañana por la noche te espero en la hosterÃa de La Estrella de Oró.
—No faltaré;
—Adiós, Teresa.
—Adiós, Carranza.
Y después de cambiar un apretón de manos, los antiguos amantes se separaron.