Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —No hace falta, Barroso.
El escudero entregó a su joven señor las prendas que momentos antes le habÃa pedido.
Luego PepÃn aventuróse por la escalera.
Su objeto era visitar al alguacil AnchÃa, a quien, como recordarán nuestros lectores, apreciaba mucho.
Aquella noche Nicolás no estaba de servicio; asà es que PepÃn tuvo la fortuna de encontrarle en su casa.
* * *—¡Hola, PepÃn! ¿Qué ocurre?
—Tengo que darte cuenta de muchas cosas.
—Siéntate, pues.
—En primer lugar, hablarte de una nueva persona que vive en casa y que pudiese ocasionarme un conflicto.
—¿ Pues cómo?
—La conoces mucho,
—¿Quién es?
—¿Te acuerdas dé aquélla joven llamada Teresa que formaba parte de nuestra compañÃa de saltimbanquis?
—¿La amada dé Bartolessi?
—Precisamente.
—¿ No he de acordarme? ¡ Bien se compadecÃa la pobre cuando el italiano sé empeñaba en exhibirme, diciendo que yo era el gran prÃncipe de los guaranis!
—Nicolás lanzó una ruidosa carcajada.
—Pues Teresa vive hoy bajo mi mismo techo.