Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Don Rodrigo de Peñalosa debe estar desesperado viendo la esterilidad de sus gestiones, y no es el hidalgo de los que se detienen en pelillos, como vulgarmente se dice.
—¿ Y de qué medios he de valerme para hacer mis averiguaciones?
—¡ Parece imposible que tú, que tantas pruebas de sagacidad has dado, hagas ahora semejante pregunta!
—Carranza me ha dicho que volverÃa a verme pasado mañana.
—Mejor aún. Esto favorece nuestro plan.
—¿ Encuentras oportuno que le dé la cantidad que ha pedido?
—De ninguna manera. El cebo no debe echarse al agua más que cuando está clavado en el anzuelo.
—Aconséjame, pues.
—Tú debes decirle a Carranza que le entregarás los trescientos escudos cuando te indique algo más concreto, y no dudes que caerá en el lazo. Lo preciso es averiguar qué dÃa— tratan de darte el golpe, en la inteligencia que de este modo lo evitaremos.
—¿ Y si se niega a decirme nada?
—No lo hará. Sobre todo, por si son ciertas las advertencias que te ha hecho, desde mañana estarás bajo mi custodia.
—C Vas a constituirte en mi acompañante?