Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —SÃ; pero a una respetable distancia. Deseos tengo de habérmelas con don Rodrigo y con Carranza, aunque no sea más que por reÃrme un rato viendo las gesticulaciones que este último ha de hacer al verse entre los alguaciles de la ronda a que pertenezco.
—Bien, Nicolás; esperaré a que Carranza vuelva, y procuraré sondéar su corazón.
—Y si no fuese a tu casa, lo que me parece difÃcil, búscale con cualquier pretexto. En la hosterÃa de La Estrella de Oro le encontrarás a todas horas.
—Pero antes de dar ese paso conviene que aguardes a pasado mañana.
—Desde luego. De otro modo despertarÃas sus sospechas, porque es tan sagaz como feo, que es cuanto puede decirse. Pero si en ésta ocasión obras con prudencia, yo te garantizo un éxito feliz.
—Como comprendes, he de hacer cuanto esté a/ mi alcance para conseguirlo, pues la situación en que me hallo va resultando enojosa por demás.
—Todo se arreglará, querido PepÃn; te lo prometo, —En ti confÃo.
—Bien puedes Hacerlo. Sabes que te aprecio mucho, y que no te veo una sola vez sin que me acuerde de cuando nos conocimos.
—Es verdad.
—¿ Conque Teresa vive ahora con vosotros?
—SÃ.