Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Y a mà qué me importa vuestra opinión, ni que tratéis de defender a esa comedianta?.
—¿Que no os importa?
—Nada absolutamente.
El Canela se acercó y dijo al oÃdo del joven:
—Esas bravatas no se dicen aquÃ, donde hay un millar de personas. Se pronuncian muy quedito para que no las oiga nadie.
—Yo las digo alto, bajo, y como os plazca.
—Asà me gustan a mà los hombres.
—Y a mà también. ¿ Acaso imagináis que por llevar el sombrero en la coronilla y el pecho tan hinchado vais a arredrarme?
—Basta ya. Todo eso lo repetiréis en la calle.
—Y en el templo, si es necesario.
—Ahora callemos, que empieza el segundo acto.
—¿Qué es eso, don Luis?-preguntóle su amigo.
—Nada; no hagáis caso.
El hidalgo, o bien dió crédito a la respuesta del joven, o no quiso meterse en contienda; pero lo cierto es que se retiró un instante después.
Pasó el segundo acto.
El Bravo y el Canela no habÃan hecho más que reÃrse y decir chanzas de mal género.
PepÃn estaba pálido como el mármol.