Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Tuvo aquella noche que desplegar toda su fuerza de voluntad para no recurrir a las armas que habÃale concedido la naturaleza.
Al terminar el acto dirigió a sus adversarios una mirada y salió del corral.
—Es necesario obrar con mucha precaución-dijo el Bravo—, porque este mozo no flaquea, a lo que parece.
—Ya lo veo.
—Tú te bates con él, y yo le daré una estocada a traición.
—Ya sabes que además nos esperan en la calle el Lagarto y el Acebuche.
PepÃn aguardaba en \a calle cuando salieron los espadachines.
—Adonde vamos?-les preguntó.
—A espaldas del corral hay una calleja solitaria y oscura.
—Pues andando.
Y PepÃn se aventuró con paso sereno hacia el sitio que acababan de indicarle.
Los malhechores le siguieron.
Carranza, que iba a retaguardia, temblaba como un azogado.
Apenas llego PepÃn al sitio convenido, desenvainó su acero, apoyando $u espalda contra los muros de una casa.