Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Como comprenderéis, esa idea me halaga, aunque no sea más que bajo el punto de vista de pagarle la traición que ha querido hacerme.
Por los vidrios de la ventana del aposento empezaron a penetrar los vagos reflejos del amanecer.
—Ahora vámonos-dijo AnchÃa—. Muy pronto será completamente de dÃa, y no conviene que nos vean en esta casa.
—¿Me perdonáis, señor?-preguntó Carranza a PepÃn.
—No dudo en hacerlo, porque me parece que la lección que esta noche has recibido te servirá de provechosa enseñanza.
—No lo dudéis.
—Adiós, pues.
Teresa, AnchÃa y Carranza salieron del aposento.
La primera tomó una lámpara para que el alguacil y su antiguo amante se orientasen por la escalera.
Cuando AnchÃa y Carranza estuvieron en la calle, el primero se detuvo.
—¿Adonde vas?-le preguntó.
—Ami casa.
—Debo advertirte que vigilaré hasta tus menores movimientos.
—Yo os aseguro...