Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Presentarme en esta casa y decirle a PepÃn el peligro que le amenazaba. ¿No es cierto que asà lo hice?
—Es verdad.
—Vos os negasteis a darme crédito, sospechando que mi único deseo era que me entregaseis la pequeña suma que os pedà para atender a mi subsistencia.
—¿ Cuanto pediste?-preguntó el alguacil.
—No recuerdo.
—Trescientos escudos.
—Ese mismo número de palos voy a darte yo-dijo Colás.
—Luego-prosiguió Carranza con acento inseguro— volvà otra vez a esta casa, sin conseguir que dierais crédito a mis advertencias.
—Y entonces, gran tunante-interrumpió AnchÃa—, te decidiste a servir al hidalgo Peñalosa.
Carranza inclinó la cabeza sobre el pecho.
—No lo niegues.
—Es la verdad; ¿a qué negarlo? Justo es que confiese mis errores, para que veáis la sinceridad de mi
arrepentimiento.
—Bien, desde ahora contamos contigo.
—Podéis hacerlo.
—En la inteligencia que nuestro único fin ha de ser vengarnos de Peñalosa.