Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Pues sabrá vuesa merced-dijo tomando la palabra el viejo y honrado labrador tÃo Roque—, que durante la pasada noche, cuando los gallos cantaban en todos los corrales de la ciudad, se nos ha entrado por las puertas... ¿quién dirá vuesa merced?
—¿Algún comisario de la Inquisición en busca de cualquier hereje empedernido o de algún judaizante desalmado?
—No, señor; sino el mismÃsimo señor don Juan de Luna, barón de Purroy, en persona, armado de punta en blanco y escoltado por cincuenta arcabuceros escogidos, que anda, anda, se nos han venido de Zaragoza en un periquete sin descansar dÃa ni noche.
—¿Y qué trae por acá el buen capitán con tanta prisa?
—Dicen que trae órdenes secretas del señor justicia mayor don Juan de Lanuza, y que viene decidido a ejecutarlas sin consideración a nadie ni a nada.
—¡ Diablo! Grave debe ser el asunto.
—Asà parece; y tanto más, cuanto que con el barón ha llegado Gil de Mesa, el amigo fiel del señor Antonio Pérez, que, como sabe usarcé, se halla entre nosotros hace algunos dÃas.
—Por Dios vivo, que empiezo a pensar que aquà pasa algo.
—Eso decÃamos nosotros cuando usarcé llegó-afirmó un mercader de rostro enjuto y mirada severa.