Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Entonces no hay que dudarlo-repuso el descendiente dé los antiguos infanzones de Aragón;— el parirá prior de los dominicos es incapaz de decir uno por otro, y su gravedad es a todos notoria.
—Pues aún añade más. Parece que Pérez, cuando leyó tan infaustas nuevas, rugió de coraje como un león y rompió en desgarradores sollozos y en imprecaciones contra el rey, que tan ciegamente se Ceba hasta en inocentes Criaturas y en una débil mujer sin amparo ni valimiento.
—¿Y razón le sobra al buen hombre, ¡vive Dios! —exclamó el nervioso mercader, rechinando los dientes y crispando los puños.
—¡Ira de Dios! El rey de Castilla es un lobo— añadió otro de los circunstantes.
—¡Con mujeres y con niños se las habrá don Felipe! —agregó el tÃo Roque, echando chispas por los ojos.
—Tiene malos consejeros-insinuó el señor Jorge con su peculiar gravedad;-de otra manera no entiendo que un rey poderoso se entregue a tales desaguisados.
—Al fin, de flamencos viene-murmuró con socarronerÃa el vendedor de paños de Tarazona.
—¡De tal tronco tal astilla! — prorrumpió un hombre del pueblo, muy dado a refranes y aragonés neto.
Todos asintieron a aquella sentencia popular.