Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La menuda grama cubría de verde alfombra colinas, prados y laderas, por las que saltaba alegre y retozón el tierno corderillo, mientras que zagales y pastores daban al viento las melancólicas sonatas de las rústicas flautas de caña que usan los de aquel país, lo mismo hoy que entonces y que diez siglos antes.
El florido tomillo, la aliaga de amarillas flores y el verde romero matizando con variados tonos cuestas, cerros y hondonadas, saturaban los aires de embriagadores aromas y perfumes, que de largas distancias atraían los zumbadores enjambres de laboriosas abejas qué colonizan y enriquecen las sierras de la comarca.
El trigo, consuelo del pobre en el invierno y fuente de prosperidad para los sobrios labradores, irguiendo bizarramente sus tornasolados tallos por entré la blanda corteza de la madre tierra, daba a aquellos febriles campos el aspecto dé un tapiz de esmeraldas o de un inmenso manto dé verde terciopelo.
Allá a lo lejos sobré él claro oscuro de campos, montes y colinas, se destacaban como blancos fantasmas las encrespadas cumbres del Moncayo, aún cubiertas las frentes con la caperuza de armiño de las nieves invernales.