Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Antonio Enriques, que, como sabemos, se quedó en la corte, hizo llegar sin pérdida de tiempo una copia de tal sentencia á manos de Gil de Mesa, comunicándole á la vez que ya estaba enterada del fallo doña Juana Coello, y que la pobre é infortunada señora se hallaba desolada temblando que el
día menos pensado cayese su esposo en manos del rey, y terminase en afrentoso patíbulo la tragedia de aquella agitada vida.
Cuando tal mensaje recibió Gil de Mesa, fruncid airado el ceño, viendo tan plenamente confirmadas sus sospechas, y tan pronto desvanecidas las esperanzaste su amigo Pérez.
Corrió á la cárcel de la Manifestación y se apresuró á dar cuenta al preso de aquella poco lisonjera nueva, entregándole la copia del inapelable fallo de la justicia castellana.
Antonio Pérez, al pasar la vista por aquel papel, palideció, ó involuntariamente tembló de pies a cabeza.
Aun viéndose á la sombra da las libertades aragonesas, pareciole que sentía sobre su cuello el trío de la cuerda fatal, y que se miraba lanzado al espacio por la mano ensangrentada del verdugo.
Mortal sudor inundó su frente, y las palabras se le hicieron, un nudo en la garganta.