Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Vistióse don Juan de Lanuza la cota con el escudo de armas de Aragón, que solían usar los justicias en tales casos, y desplegó el legendario estandarte de San Jorge en medio de las aclamaciones del pueblo.
Montó a caballo, lo mismo que su maestro, de campo, don Martín de Lanuza, y que los demás distinguidos caballeros que capitaneaban el movimiento popular, y seguido de numerosa hueste, tan valerosa como falta de disciplina y organización, salió de Zaragoza y se dirigió al encuentro del ejército castellano.
Sin que ocurriera novedad alguna en su marcha, llegó el corto ejército aragonés hasta un lugar distante sólo tres leguas del cuartel general de Vargas, y allí sentó sus reales resuelto a dar la batalla al siguiente día.
Pero vino la noche con sus horas interminables, y sus medrosas sombras á calmar la excitación de los ánimos, y entonces entró la reflexión, que produjo tristes consecuencias.
Juntáronse a deliberar el justicia y los principales jefes de su ejército.
Contaron fríamente el número de los enemigos y el de las huestes que ellos llevaban, y la gran inferioridad de estas no pudo menos de causarles sensación profunda.