Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Vieronse rodeados, más que de soldados aguerridos, de patriotas valientes, pero no acostumbrados a batirse en campo abierto, y tal consideración pesó mucho en su ánimo.
Observaron además que no era fácil ordenar militarmente en breves horas a los que les habÃan seguido, y sintieron vivos escrúpulos de comprometer en una batalla de dudoso 'éxito las generosas vidas de aquellos patriotas.
Por consecuencia de todas estas consideraciones, deliberaron con calma acerca de la conducta que convenÃa observar, y juzgando que con aquel alarde de resistencia que habÃan hecho estaban cumplidas las formalidades rituales del caso, acordaron retirarse del campo esperando que aquel acto de prudencia calmarÃa el enojo del rey, facilitando una concordia pacÃfica y honrosa para todos.
¡ No sabÃan que aquel acto, más bien de debilidad que de prudencia, habÃa de convertirse en golpe de muerte para ellos y para las mismas instituciones que pretendÃan defender!
Persuadidos, pues, de su falta de medios, el justicia y los principales jefes, y entre éstos el diputa^' del reino, don Juan de Luna, barón de Purroy, y el jurado de Zaragoza, que acompañaban al supremo magistrado de Aragón, se retiraron a la villa de Epila llevándose consigo el hasta entonces siempre glorioso e invicto pendón de San Jorge.