Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Al otro día, cuando los insurgentes se vieron sin sus caudillos principales, cundió rápidamente el desaliento en el campo aragonés.
Por otra parte, viéronse de repente acometidos y envueltos por el ejército castellano.
Vargas, durante la noche, había hecho avanzar sus tropas, como hombre experto y acostumbrado en sus largas campañas a los lances de la guerra.
Los bravos aragoneses del popular ejército, viéndose en trance tal y sin dirección que les guiase, opusieron una leve resistencia y acabaron pronto por desbandarse en tropel, retirándose tumultuosamente unos hacia diferentes pueblos de la sierra, y otros a Zaragoza.
Aquella triste jornada fué el estertor de la agonía de un pueblo que tan grande había sido durante largos siglos, y que había paseado en triunfo sus armas y sus estandartes, no sólo por todos los reinos moriscos y aún cristianos de la Península, sino por Francia e Italia y hasta por las apartadas regiones de la Grecia y el Oriente.