Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo HabÃa dejado La puerta de par en par, y un vivo reflejo iluminó las facciones del muerto.
—¡ JurarÃa que sus labios se Kan contraÃdo!-exclamó el joven—; pero, ¡bah!, todo ha sido un efecto de imaginación.
Iba el rapaz a retirarse, cuando llegó hasta él un débil suspiro.
No cabÃa la menor duda que éste habÃase escapado de los labios de Acebedo.
Mauricio, aunque poseÃa una impasibilidad impropia de sus taños, sintió que se le erizaba el cabello y tuvo tentaciones de echar a correr.
Dominóse, no obstante, y sacando fuerzas de flaqueza, avanzó un paso hacia el muerto.
Entonces vió que, en efecto, el joven hacÃa algunos movimientos nerviosos y que sus negros ojos fijáronse en él con tenaz insistencia.
—¡Pardiez!-exclamó Mauricio—; este hombre no ha muerto. ¡Ah! ¡Cuánto me alegrarÃa que se salvase, aunque no fuera más que por desesperar al infame que quiso asesinarle cobardemente!
Y el joven se aproximó a don Luis.
—A ver, caballero-Leh dijo—; haced un esfuerzo; yo os ayudaré a que os pongáis en pie para que salgamos de esta casa, que muy pronto será un montón de escombros y ceniza.