Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Y el rapaz pasó sus manos por debajo de los brazos del moribundo.
—Demonio —se dijo—. Pesa como si fuera de hierro; pero necesario es sacarle de aquà para que no se convierta en un chicharrón, ya que la Providencia quiso dejarle con vida. ¡A ver, caballero, haced un esfuerzo; yo no puedo por mà solo!
Una amarga sonrisa se dibujó en los labios de don Luis.
Luego procuró incorporarse, pero cayó de nuevo desplomado.
—¡Pues, señor, estamos bien!-exclamó el rapaz—; pero yo no desisto. ¡ Ah! ¡ Si estuviese aquà mi pobre hermano Juan! ¡El sà que lo llevarÃa como si fuese una guinda; pero como yo soy tan débil!...
Mauricio, después de mucho trabajo y arrastrando al herido, consiguió subirle a la estancia donde habÃase verificado el crimen.
Una vez en ella, ya le fué más fácil sacarle al campo.
Afortunadamente habÃa dejado de llover y advertÃanse en el cielo los primeros albores del dÃa.
Mauricio, con su lenzuelo, vendó como pudo la herida del hijo de la condesa, por la que brotaba la sangre a borbotones. Luego sentóse un instante, colocando sobre sus rodillas la cabeza del moribundo para que le sirviesen de almohada.