Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿ Pensasteis qué una joven cuando es tan bella como vos, no debe permanecer sino a la sombra de su esposo?
—Es verdad, ¿ a qué negarlo?
—Pues os doy la más completa enhorabuena porque esa boda no se realizase. Prescindiendo de los justos motivos que tenéis para odiar a ese hombre, os hubiese hecho muy desgraciada.
—Ya lo creo.
—El hidalgo Montiño no hubiera comprendido jamás la delicadeza de vuestros pensamientos. Es un miserable que vive sin corazón.
—¡Ah! Nunca olvidaré el peligro a que he estado expuesta.
El diálogo de los jóvenes fué interrumpido por Teresa.
Esta se presentó en el jardÃn.
—¡Linda pareja! —exclamó—. ¡Cuánto apostamos a que dentro de poco va a tratarse en esta casa de un nuevo casamiento?
—¡Qué cosas dices!.-exclamó LucÃa.
Y sus mejillas cubriéronse de un vivÃsimo carmÃn.
En cuanto al hermano de don Luis, dirigió sus ojos hacia un próximo arbusto haciéndose el distraÃdo.
—Buenas tardes, LucÃa-dijo después, y se alejó.
—Has hecho que me ruborice-exclamó la hija de Medrano apenas se quedó sola con Teresa.