Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿ Por qué?
—Porque sólo a ti se te ocurre decir una cosa como 1a de antes en presencia de ese joven.
—¡ Vaya ¡ ¿ Vais a ofenderos por eso? Sabed que tengo mucha confianza con PepÃn. Le Conozco desde que era un niño.
—Pero...
—De seguro que no le habrán extrañado mis palabras. Siempre fué muy bueno,
—¡Pero tiene un carácter tan tÃmido!
—Es natural. El pobre ha sido muy desgraciado, y esto es más que suficiente para que se encuentre cohibido.
—Cierto, Teresa; nada apoca tanto como el infortunio.
—Ese sà que serÃa un buen esposo para vos, y no el tunante del hidalgo Montiño.
—¿ Sabes que ese joven también conoce a don Andrés?
—¿ No be de saberlo? Le conoció al mismo tiempo que yo.
—Y se ha extrañado muchÃsimo cuando Leh he dicho que estuvo en muy poco que yo fuese su esposa;
—¿ No ha de extrañarle? Habrá pensado, y con muchÃsima razón, que ese rostro de azucena y carmÃn se merece bastante más que un viejo ridÃculo que posee un corazón de hiena.