Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Peñalosa enganchó las armas en su cinturón, guardó el oro en la escarcela' y, sin pérdida de tiempo, salió de la hostería.
Una vez fuera del establecimiento dirigió una recelosa mirada hacia todas partes; y después que hubo adquirido la certeza de que el alguacil Anchía no se hallaba allí, montó sobre su brioso corcel, que, al sentir la acción de la espuela, partió al trote.
Cuando el jinete estuvo en el campo, refrenó un poco al noble animal.
Don Rodrigo pensaba en aquel instante acerca del sitio donde debería dirigirse.
—Lo mejor-se dijo-es que pase una temporada en mi posesión en la Coruña. Allí encontraré toda clase de comodidades, y puedo permanecer tranquilo.
Y tomada esta resolución, el hidalgo Peñalosa emprendió el camino del Norte.
Durante el viaje, don Rodrigo no cesó de hacer comentarios sobre el mal resultado que habían obtenido sus gestiones a fin de hacerse dueño del condado.
La inesperada presencia de don Luis de Acebedo | había destruido todos sus planes.
Cuando llegaba la noche, recogíase en alguna venta, procurando no hacerlo jamás en las ciudades, temiendo que la fatalidad, que parecía perseguirle, hiciese que le conociera alguna persona y le denunciase.