Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo No era seguramente la compañía de aquellos dos hombres la que más agradaba al hidalgo Peñalosa.
Figurábase que, tanto el alguacil como su compañero, cambiaban frecuentes miradas de inteligencia, y hasta le pareció que se tocaban disimuladamente con el codo.
De buena gana hubiera don Rodrigo abandonado su asiento para buscar un albergue más seguro; pero reflexionó que al alejarse tan pronto de aquel sitio podía infundir sospechas a los cuadrilleros.
Hizo, pues, un esfuerzo para dominar su turbación.
La ventera puso sobre la mesa una jarra llena de sidra hasta, los bordes.
El que iba vestido de paisano llenó los vasos y ofrecióle uno al hidalgo Peñalosa.
—Mil gracias,-dijo éste— acabo ahora mismo de cenar y he bebido lo suficiente.
—Por un nuevo trago, caballero, no me parece que ha de haceros poco provecho.
Don Rodrigo bebió.
Entonces el desconocido llenó nuevamente el raso y apurólo de un solo trago.
—¿Sabéis, Calabrote, que consumís mejor que un padre cura en día de fiesta?-le dijo el cuadrillero que estaba a su lado.